Llevo bastante tiempo sin entrar en el blog y por el momento creo que la cosa no va a cambiar. Hemos pasado una temporada mala, muy mala la verdad, ya os comenté en el anterior post que mi suegro había fallecido y necesitaba desconectar. Teníamos planeado un viaje a Bulgaria y Macedonia y la verdad es que nos ha venido muy bien para recargar pilas. Pero a nuestra llegada nos esperaba otra sorpresa, mi padre era ingresado de urgencia a causa del corazón. Tiene la aorta totalmente obstruida y hay que cambiar la válvula. Por lo pronto hoy le hacen un cateterismo para valorar el estado real del corazón y decidir si además de la válvula hay que poner un bypass. Con este panorama la verdad es que no me queda tiempo ni energía para dedicar al blog pero he de decir que éste me sirve para desconectar así que intentaré visitar vuestros blogs tan a menudo como sea posible. Muchas gracias por vuestro apoyo.
En esta entrada os mostraré nuestro viaje por Bulgaria y uno de sus platos más conocidos, el Tarator, una deliciosa sopa fría de yogur y pepino muy sencilla de preparar y fresquita para combatir esta ola de calor.
Comenzamos visitando la ciudad de Plovdiv, cuyo casco antiguo es uno de los más bellos de Bulgaria. Sus empedradas calles muestran casas palacios decoradas con vivos colores y aquí pudimos visitar desde ruinas tracias hasta un hermoso teatro romano, un conjunto histórico declarado Patrimonio de la Humanidad.
Nuestra siguiente parada fue el monasterio Bachkovo en las laderas de los Montes Ródope, fundado en 1083, su hermosa arquitectura y sus frescos han hecho que este monasterio, el segundo mayor de Bulgaria, sea reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Terminamos en la fortaleza medieval de Asenova Krepost. Hacía un frío que pela y con el lamentable estado de las carreteras no nos arriesgamos a que se nos hiciera de noche por lo que nos fuimos a descansar.
El día amanecía con amenaza de nieve, una amenaza que se hizo realidad de camino a la hermosa Iglesia de Shipka construida en 1902 como recuerdo a los soldados rusos y búlgaros que murieron en la guerra de liberación. Con un importante temporal de nieve nos decidimos a cruzar los Balcanes, toda una proeza para unos canarios que no están acostumbrados a la nieve.
Para descansar y comer algo paramos en el hermoso pueblo de Tryavna, fundado en el siglo XV y dedicado sobre todo a la artesanía.
Veliko Tarnovo es una bonita ciudad situada en la ladera de una montaña con una bella arquitectura y numerosos monumentos lo que la hace una de las más hermosas del país. Un lugar para perderse es la majestuosa fortaleza de Tsarevets y cruzando el río merece la pena pasear por el barrio de Asenova en donde se encuentra la Iglesia de los Cuarenta Mártires en donde se enterraron los zares búlgaros.
Hicimos un breve visita al precioso pueblo de Arbanasi, con sus casa fortificadas y su impresionante iglesia de la Natividad. Una grata sorpresa fue el Monasterio Preovatseski ya que nos recordó a los hermosos monasterios que nos encontramos en Rumania cuyo exterior estaba tan decorado como su interior. Para finalizar el día visitamos el Monasterio de Troyan, fundado en 1600, es uno de los mayores de Bulgaria con un gran patio central rodeado de edificios con balcones de madera.
Al dia siguiente visitamos una de las mayores atracciones turísticas del país. El Monasterio de Rila, del siglo X, se encuentra en medio de una reserva boscosa, lo que le aporta mayor encanto al conjunto. Varias plantas con balcones de madera rodean el patio y la iglesia de la Natividad, con la torre de Hrelyo en un extremo.
Para terminar el viaje dejamos para el final la hermosa capital del país, Sofía. Bulgaria ha estado influenciada por numerosas culturas y evidencia de esto es el casco antiguo de la capital. Varias iglesias ortodoxas, una mezquita del siglo XVI y una sinagoga art nouveau muestran la rica diversidad religiosa de la ciudad. Las construcciones romanas, medievales y otomanas que podemos encontrar son una rica herencia de su pasado que se mezclan con las monumentales obras públicas de su periodo comunista.

La cocina búlgara es representativa de la cocina de los Balcanes y en ella encontramos influencias de la cocina turca, la cocina griega y la árabe. Es muy variada y sabrosa y en ella están presentes numerosas ensaladas, sopas y guisos deliciosos. Muchos de los platos tradicionales se cocinan siguiendo antiguas recetas que trasmiten de generación en generación. Dos de los productos estrella en su cocina son el yogur y el llamado queso blanco (muy parecido al queso feta) Durante este viaje hemos comido auténticas delicias, sopas, ensaladas, papas preparadas de innumerables formas, guisos de carne que resucitan a un muerto, ... Tengo numerosas notas para intentar hacer platos típicos en casa (incluso me he comprado cuencos y una típica cazuela de barro con tapa para hacer guisos) así que poco a poco os iré mostrando cosas de esta rica gastronomía.

El yogur búlgaro es conocido mundialmente por sus cualidades y su buen sabor. Para la mayoría de las personas en el mundo es un manjar mientras que para los búlgaros es parte del menú diario que siempre está presente en la mesa. Del yogur los búlgaros hacen muchos platos. Se encuentra como ingrediente en las recetas de sopas, ensaladas, postres, aderezos, etc. El yogur se puede hacer en casa siempre que se sigan ciertas reglas básicas. ¿Pero qué es lo que diferencia a Bulgaria de otros países y cuál es el secreto debido al cual este pequeño país, de la península de los Balcanes, tenga el yogurt más delicioso del mundo? El secreto reside en una pequeña bacteria conocida por diferentes nombres, pero el más común es el de Lactobacillus bulgaricus. Ella provoca la fermentación de la leche y le da este magnífico sabor.
Este yogur búlgaro es el elemento principal de esta deliciosa sopa fría, el Tarator, pero como aquí me es imposible de conseguir lo he sustituido por yogur griego así que aquí os dejo la receta que nos vendrá muy bien para los días de calor ya que el muy refrescante.
Es tan sencillo como picar el pepino en trozos pequeños y añadirle unas nueces troceadas y el ajo bien picadito. Lo ponemos todo en un cuenco y le añadimos los dos yogures con una medida de agua bien fría (si se queda muy espeso podemos añadir más agua) bien mezclados. Lo espolvoreamos con un poco de eneldo picado y le añadimos un chorrito de un buen aceite de oliva virgen extra.
Ya tenemos un entrante perfecto para los días de calor. No me diréis que no es sencillo, un plato fácil y delicioso que nos sorprenderá. Probadlo y ya me contaréis.
Muchísimas gracias por vuestras palabras de ánimo, en estas ocasiones en las que los nervios están a flor de piel viene muy bien poder desconectar un poco así que espero seguirles viendo por aquí.